Grecia

Casa Romero

Su cliente quería dejar en San José el estrés del corre-corre cotidiano, el ruido, el aire impuro y refugiarse en un hogar ocasional donde cargar baterías. Pedía un modesto programa: además de los espacios esenciales, una habitación para él y otra para su madre, una mujer de la tercera edad. De ahí que la casa debía ser accesible y adaptarse a la presencia de una discapacidad.

Sin embargo el arquitecto Erick Ledezma lo convenció de pensar aún más a futuro: que la vivienda se pudiera convertir más pronto de lo pensado en un lugar donde pasar temporadas extensas de descanso. Del convencimiento de su cliente surgió un diseño de mayor tamaño que, además, mejora su relación con el entorno al aprovechar vistas desde un segundo nivel.

Medicina escénica

La vivienda fue diseñada por Ledezma en un lote esquinero de un residencial rodeado de cañales. “Cuando el cliente compró el terreno probablemente no había advertido la importancia del lote, por lo que al diseñar la segunda planta se propiciaron vistas hacia las montañas de Santa Eulalia y Atenas, que la rodean”, recuerda el arquitecto. Su afán por capturar vistas del entorno campestre resolvió una de las primeras necesidades del cliente: rodearse de un entorno verde que funcionara como medicina escénica.

La búsqueda de ese contacto directo con el exterior fue propiciado pero también cuidado en cada apertura, sobre todo para proteger del sol en las horas más extensas. De ahí que, a pesar de que la obra es lineal y recorre el lote de norte a sur, con la fachada al este y el deck trasero al oeste, el propio diseño protege la obra. “Debí diseñar algunos elementos pasivos, como aleros mucho más grandes y parasoles para disminuir la incidencia del sol matutino”, explica. Estos elementos conforman parte de una piel de madera que recubre casi en su totalidad el segundo nivel.

En contraste con el exterior en donde la madera añade textura al blanco constante del concreto, al interior la obra se vuelve más sobria, con apenas toques de color dados por el mobiliario de la tienda Contempo y obras de la pintora Jeannette Trejos. “Por dentro usé más acero, metal, pisos de vidrio, aunque también añadí madera en un puente hacia el balcón y en los peldaños de la escalera”, añade.

Precisamente la escalera, tanto desde dentro como desde fuera, se convierte en un elemento esencial de la composición.

“Siempre busco que la escalera no sea únicamente el elemento conector de los dos niveles, sino que si uno puede convertirla en un elemento escultórico aporta mucho más al proyecto”, explica. “Al tener una fachada muy lineal, quise aprovechar la escalera como elemento de composición para dar balance. Por eso saqué el descanso fuera del perímetro de la casa y la encapsulé en un contenedor de vidrio gris oscuro. Durante el día los tonos del vidrio capturan unos reflejos muy lindos de lo que hay alrededor del residencial, pero durante la noche es un elemento escénico, a través del cual es posible ver las siluetas de quienes suben o bajan”.

Libertad y accesibilidad

La distribución interna permite cumplir con otro de los encargos: la accesibilidad. “La casa puede ser recorrida en su totalidad de diferentes formas, desde el acceso principal, con un pequeño vestíbulo, o por la cochera, en un recorrido norte-sur”, explica Ledezma. En ambos casos la primera planta no presenta obstáculos para el recorrido de una persona con alguna discapacidad: tras el vestíbulo en un salón integrado se encuentra el área social, y al extremo sur Ledezma ubicó una habitación destinada para la madre del cliente y como cuarto de huéspedes, que cuenta con un baño amplio con agarraderas y una salida directa al área de terrazas y de piscina.

En el segundo nivel un puente de vidrio sandblasteado sobre la sala une el descanso con un corredor externo que recorre la fachada oeste; dos habitaciones más, una sala de televisión y, sobre la cochera, un balcón en madera. Tanto el corredor como el balcón permiten unir visualmente las áreas verdes, un rancho y una piscina con las montañas, a la lejanía.

“El área externa se desarrolló como una segunda etapa”, confiesa el arquitecto. “Inicialmente no estaba contemplado pero al cliente entusiasmarse e identificarse tanto con el proyecto, optó por esta etapa. La hice muy asociada con la casa para mantener claro el concepto del proyecto principal”.

Para Ledezma, contar con suma libertad de diseño propició precisamente la unidad con la que resolvió la obra. Incluso desde los materiales (madera, vidrio, concreto y metal) se determinó la paleta cromática y se reforzó la limpieza de la composición.

El resultado: días de recreo en una campiña contemporánea, entre cañaverales.