Este proyecto gira alrededor de dos puntos:
1)El habitante, una encantadora dama estadounidense que eligió las partes altas de Grecia como su lugar para vivir.
2)El sitio, una propiedad con pendiente dentro de un desarrollo habitacional tipo quintas con una hermosa vista de 180 grados al Valle Central y colindante a la reserva forestal del Bosque del Niño.
Aprovechando que la propiedad ya había sido intervenida con el corte de una terraza, se propuso un diseño de dos pisos que se lleva hasta el inicio del talud para acercar más la casa a las vistas y hacer que los espacios abiertos como el deck y el balcón floten sobre ella.
El uso del gris y el blanco en la paredes exteriores, busca que el proyecto se sienta lo más neutro posible en el paisaje, especialmente con su fondo boscoso.
La forma de cuña que tiene el proyecto con sus juegos de cubiertas que descienden hacia la montaña pretende que este se integre a ella y contribuye en la volumetría y el carácter de la casa.
Espacialmente se compone de dos cuerpos, uno de un piso que contiene las zonas de servicios, cochera, bodega, cuarto de pilas y almacenaje y un volumen principal de dos pisos que alberga las habitaciones, baños, deck y el núcleo de la escalera, y en el segundo piso se ubica todo el área social integrado en un gran salón sin divisiones de ningún tipo.
Tanto los dormitorios como la sala, comedor y cocina se prolongan al exterior con un amplio deck y un balcón.
Uno de los objetivos de diseño fue crear espacios donde la arquitectura sea una medicina para el alma y sea un potenciador para mejorar la calidad de vida del habitante, que la acerque aún más a ese deseo que ella tiene, de habitar su “milagro de paz.”
Un agradecimiento especial para Johnny Lara, quien ha sido el gestor del proyecto y por supuesto a Gay por permitirme diseñar su casa, justo a la medida.